Guía para la Acción Pública: elecciones sin discriminación

El reconocimiento y ejercicio de los derechos políticos, en condiciones de igualdad para toda la ciudadanía, es el eje de la democracia. Ante la carencia de igualdad política se desvirtúan los procesos electorales y con ello se vuelve cuestionable la integración de los órganos de representación del Estado y se afecta la gobernabilidad.

Personas migrantes

Es aquella persona que cambia su residencia habitual desde una unidad político – administrativa hacia otra, o que se muda de un país a otro, en un período determinado. La Ley de Migración lo define como el individuo que sale, transita o llega al territorio de un Estado distinto al de su residencia por cualquier tipo de motivación.

¿Y la discriminación?
Uno de los principales obstáculos que impiden la integración de los migrantes y su acceso equitativo a los derechos humanos en las sociedades anfitrionas son los sentimientos arraigados que existen contra éstos y las prácticas discriminatorias. Estos sentimientos y prácticas a menudo son reforzados por las leyes, las regulaciones y las políticas orientadas a restringir los flujos migratorios, lo cual queda en evidencia con la creciente tendencia de criminalizar la migración irregular. La crisis económica mundial y el aumento del desempleo han intensificado aún más estas tendencias. Los migrantes irregulares son particularmente vulnerables a la discriminación: primero, porque algunos de los derechos políticos, sociales y económicos que constitucionalmente deben gozar las personas, están restringidos al país donde tienen su nacionalidad y ciudadanía, por lo que los pierden al estar en otro país sin documentos; segundo porque cargan con una serie de estereotipos y estigmas que los relacionan con delincuentes, integrantes de grupos delictivos, alta peligrosidad y violencia. Se trata de un problema mundial que afecta a los países de origen, a los de tránsito y a los de destino.

La discriminación en lo cotidiano
La violencia generada contra los migrantes está motivada por la discriminación, pues aunque sus derechos humanos están reconocidos en los tratados internacionales de los que México es parte, el ejercicio real de éstos se encuentra limitado. Los migrantes sin documentos están expuestos a un daño mayor porque, ante la falta de visas o permisos, temen denunciar las violaciones a sus derechos; entonces su situación de vulnerabilidad se potencia, porque saben que cualquier abuso no tendrá consecuencias para quien lo cometió. La discriminación es doblemente padecida por las mujeres, niñas y niños migrantes, quienes sufren de acosos y malos tratos en situaciones de detención, son orillados al trabajo doméstico clandestino, prostitución, abusos sexuales y agresiones físicas y sexuales en las operaciones de trata.

En el ejercicio de sus derechos civiles, políticos o sociales
Hace falta replantear la manera en que son aplicados los derechos humanos a este grupo que sigue siendo víctima de abusos y discriminación por el hecho de no vivir en su país natal. Por ello, ahora se ha comenzado a hablar de derechos transnacionales, es decir, derechos que tomen en cuenta a los ciudadanos más allá de los límites de su país.

La doble nacionalidad, la posibilidad de votar desde el extranjero y la posibilidad de tramitar la credencial para votar en las embajadas o en los consulados de México en el extranjero fue la culminación de una añeja demanda de un grupo de ciudadanos que se percibían como excluidos por su propio país, y que mediante estas opciones, lograron avanzar en sus derechos políticos. Los migrantes mexicanos y de origen mexicano han librado, y lo siguen haciendo, intensas luchas para ser reconocidos no sólo como actores económicos, sino como sujetos poseedores de derechos políticos al igual que cualquier otro ciudadano.

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